Séptimo, que nunca es tarde para encontrar tu lugar en el mundo. Carmela era una mujer solitaria que pensaba que su vida ya estaba definida, pero a los 55 años encontró la familia que siempre había necesitado. La vida siempre nos reserva sorpresas hermosas si mantenemos el corazón abierto. Octavo, que los errores de los padres no justifican la crueldad de los hijos. Tal vez Beatriz y Ernesto no fueron perfectos, tal vez cometieron errores al criar a sus hijos como todos los padres.
Pero nada justifica el abandono y la traición que sufrieron. La imperfección humana no es excusa para la crueldad. Noveno, que las cosas materiales van y vienen, pero el amor verdadero es eterno. La finca podría haberse perdido, la casa podría haberse caído, pero el amor que unió a esa familia elegida trascendió todo lo material y continuó incluso después de la muerte. Y décimo que cada decisión que tomamos tiene consecuencias. Fernando Carlos y Patricia tomaron la decisión de abandonar a sus padres y esa decisión les costó todo lo que tenían.
Carmela tomó la decisión de detenerse y ayudar y esa decisión le dio todo lo que necesitaba. Nuestras elecciones definen quiénes somos y qué tipo de vida vamos a vivir. Esta historia también nos enseña algo muy importante sobre el envejecimiento y cómo tratamos a nuestros mayores en la sociedad moderna. Vivimos en una cultura que a menudo desecha a las personas mayores, que las ve como una carga Eminol. En el lugar de como un tesoro de sabiduría y experiencia, Beatriz y Ernesto tenían tanto que ofrecer todavía, tantas historias que contar, tantas lecciones que enseñar, tanto amor que dar.
Pero tres de sus hijos solo veían bocas que alimentar, espacio que ocupaban, dinero que gastaban. Esta mentalidad es peligrosa y destructiva. Nuestros mayores merecen ser honrados, respetados, cuidados y valorados. Ellos nos dieron la vida, nos criaron, sacrificaron sus sueños por los nuestros. Lo mínimo que podemos hacer es asegurarnos de que sus últimos años sean dignos y llenos de amor. Además, piensa en el ejemplo que damos a nuestros propios hijos cuando tratamos mal a nuestros padres. Les estamos enseñando que cuando nosotros envejezcamos, ellos pueden tratarnos de la misma manera.
