Al hijo del millonario le quedaban cinco días de vida. Pero la pobre niña lo roció con agua inusual.

Rodrigo los miró desde la puerta y sintió, por primera vez en mucho tiempo, una paz completa. No sabía si aquello había sido ciencia, coincidencia o algo que los adultos llamaban milagro para no aceptar que el amor podía ser tan poderoso.

Pero sí sabía algo:

Cuando el mundo le dijo “cinco días”, una niña pobre apareció con una botella barata… y les devolvió la vida.