Si generas muchas cáscaras de ajo, congélalas en una bolsa hermética hasta que tengas suficiente para preparar el caldo. También puedes congelar el caldo en bandejas de hielo para usar porciones pequeñas cuando las necesites.
Si no tienes tiempo para hacer un caldo completo, hierve unas cuantas cáscaras de ajo con agua, añade miel y limón, y disfruta de una infusión rica en antioxidantes.
Si tienes un deshidratador o un horno a baja temperatura, puedes secar las cáscaras de ajo y luego molerlas hasta obtener un polvo fino. Este polvo puede usarse como condimento para ensaladas, pastas o platos salteados.
