Esa noche, tras un festín de conejo asado y verduras en conserva del vendedor de raíces, intercambiaron regalos sencillos. Para Naomi, Zachary había tallado una delicada caja de música de madera que tocaba una canción de cuna.
Para Tezy, un conjunto de animales tallados, un caballo, una vaca y un oso, y para Zachary, Naomi había armado en secreto una colcha con retazos de tela, trabajando hasta tarde en la noche mientras él dormía.
"Es hermoso", dijo, frotándose la cabeza contra el intrincado patrón. "Como si un trocito de ti me diera calor". La intimidad del momento del abrazo entre ellos, profundizada por la suave luz del fuego y el calor de un día bien vivido.
Teasy, lleno y feliz, se había quedado dormido en su cuna, dejando a los adultos una rara intimidad. "¿Baila conmigo?", preguntó Zachary de repente, extendiendo su mano. Naomi pareció sorprendida.
—No hay música. Haremos la nuestra —respondió él, tarareando suavemente mientras la atraía hacia sus brazos. Se movieron juntos a la luz del fuego, sus sombras se fundían en las paredes del mueble.
La cabeza de Naomi se apoyó en su pecho, y Zachary sintió que el corazón le iba a estallar de alegría al abrazarla. «Creo que estoy lista», susurró después de varios minutos.
