Cuando nací, algunas personas me miraron en silencio.

 

A veces el mundo todavía me mira con extrañeza.

Pero cada vez que alguien me devuelve una sonrisa,
cada vez que una madre descubre que su hijo es más fuerte que cualquier diagnóstico,
cada vez que un corazón se abre a la diversidad,
mi existencia vuelve a tener sentido.

No necesito encajar en ningún estándar para ser hermoso/a.
Mi rostro cuenta una historia que quizá aún no conozcas,
pero que merece respeto, cariño y presencia.

Si algún día me ves por ahí,
no apartes la mirada.
Sonríe.
Te vas a dar cuenta de que la belleza que llevo
siempre estuvo ahí, esperando ser vista.

Porque sí…
es verdad que yo también soy hermoso/a como todos los demás.