Apenas descubierta, firmó un contrato a largo plazo con el productor Franco Cristaldi, quien más tarde se convertiría en su esposo. Esta colaboración impulsó su carrera: comedias italianas, dramas suntuosos, producciones estadounidenses... disfrutó de una serie de éxitos.
Su papel en Tres extraños en Roma atrajo la atención, y posteriormente la obra maestra de Visconti, El Gatopardo , consolidó su estrellato. Su presencia en la pantalla, intensa pero nunca forzada, cautivó a la crítica y al público por igual.
Una vida personal hecha de decisiones valientes

Hollywood mantenía estándares muy estrictos para sus actrices. A pesar de su inmenso talento, Claudia tuvo que lidiar con horarios extenuantes, exigencias físicas y restricciones contractuales. Finalmente, se separó de Cristaldi, recuperando la libertad que había echado de menos.
