La oferta inicial provocó abucheos, y cada grito parecía diseñado menos para reclamar responsabilidad y más para humillar tanto a la mujer como a una objeción moral.
La mujer se tambaleó visiblemente, una ola de dolor la obligó a avanzar mientras luchaba por permanecer en silencio, su dignidad luchando contra sus límites físicos.
Caleb se acercó más, atraído no por el impulso, sino por la certeza de que el silencio lo haría cómplice de lo que seguiría.
El actor lo notó y se burló de su presencia, ridiculizando abiertamente tanto la conducta de la mujer como el interés de Caleb, lo que provocó carcajadas entre la multitud.
Caleb habló en voz baja pero con firmeza, ofreciendo una respuesta que cortó el ruido y cambió inmediatamente el tono de la reunión.
La risa vaciló, las cabezas se giraron y la irritación reemplazó a la diversión cuando se hizo evidente que hablaba en serio y no estaba jugando con la crueldad.
Mientras otros subían el precio agresivamente, la puja se intensificó con una agudeza que parecía personal, destinada a castigar a Caleb por interrumpir el espectáculo.
Sus manos temblaban a medida que los miembros subían, cada aumento lo empujaba más allá de lo que había colocado o podía permitirse fácilmente.
