El origen de The Blob se remonta a 2013, cuando un parche de agua inusualmente cálida apareció en el Golfo de Alaska. Con el tiempo, esta anomalía creció hasta alcanzar más de 2.000 millas del Pacífico, elevando la temperatura del mar hasta 4,5 °F por encima del promedio. Investigaciones posteriores confirmaron que eventos de este tipo se están haciendo más comunes y prolongados, impulsados por el calentamiento global. Las olas de calor marinas actuales son, en promedio, un grado más cálidas y tres veces más extensas que hace ocho décadas, un dato que preocupa especialmente en especies longevas como las ballenas, cuya respuesta a los cambios ambientales puede tardar años en manifestarse.
Este silenciamiento no es exclusivo de California. En Nueva Zelanda, entre 2016 y 2018, investigadores registraron una disminución notable en las llamadas asociadas con la alimentación, conocidas como “llamadas D”, así como un descenso en la intensidad de los cantos de apareamiento después de temporadas especialmente cálidas. Según la ecóloga marina Dawn Barlow, de la Universidad Estatal de Oregón, cuando hay menos alimento disponible, las ballenas reducen el esfuerzo destinado a la reproducción, un equilibrio natural que se vuelve preocupante si la escasez se prolonga.
Los especialistas consideran que las ballenas actúan como verdaderos centinelas del océano. Sus cambios de comportamiento, especialmente los relacionados con el sonido, funcionan como indicadores tempranos de alteraciones profundas en la cadena trófica. El progresivo silencio de estos animales advierte que algo está fallando en los sistemas que sostienen la vida marina.
