“Ahora por fin puedo dormir…”
Ananya respondió:
“Porque ahora, no estás solo”.
En la ventana de la panadería colgaba un cartel:
“Caléndula: donde toda dulzura proviene de la honestidad”.
Dicen que los dulces de allí tienen un sabor especial, quizás porque cada pieza contiene un poco de perdón, un poco de esperanza y mucho amor.
Y allí, en ese tranquilo pueblo de montaña, Aarav y Ananya demostraron que, a veces, la flor más simple es suficiente para despertar incluso el corazón más rico.
