Scrapiпg.Un golpe suave.
Un grito débil y ahogado.
Se me cortó la respiración.
Había alguien debajo de mi casa.
Antes de que el pánico pudiera paralizarme, corrí al garaje, agarré mi palanca y regresé al pasillo.
Levanté la primera tabla del suelo.
Polvo. Aire frío. Oscuridad.
La voz de Laura tembló detrás de mí. «Daiel, espera a la policía».
—No —dije, subiendo a otra tabla—. No hay que esperar.
Otro suave llanto se escuchó hacia arriba: el llanto de un niño.
Un niño pequeño.
Salté a la abertura y envié la linterna de mi teléfono.
Se me cayó el estómago.
Había un espacio excavado debajo de mi propia casa: tierra recién removida, una cámara improvisada, vigas de madera cortadas toscamente.
Y en el extremo más alejado de la pequeña cavidad excavada…
Un niño. Un niño de unos seis o siete años. Encadenado. Sucio.
Hambre.
Igual que Ethaп.
Su voz tembló mientras levantaba la cabeza hacia la luz.
—Ayúdenme —susurró—. Por favor…
Mi visión se volvió borrosa.
"Qué demonios-"
