Y cada vez que alguien decía “no puedo”, Marina sonreía como sonreía Vera.
—Sí puedes. No porque sea fácil, sino porque tu valor no depende de lo que otros piensen. Depende de que tu no te rindas contigo.
La historia no era solo sobre danza. Era sobre dignidad. Sobre recordar que ningún uniforme define el tamaño de un alma. Y que la persona que hoy pasa a tu lado sin que la mires puede llevar un universo entero de talento, dolor y fuerza… esperando solo una cosa: que alguien, aunque sea una vez, la trate como humana.
