Muchos le dicen “fuego”, otros juran que es una simple afta… pero no son lo mismo ⚠️ Hay tres señales muy claras para saber cuál tienes… y casi nadie las conoce. 👇 Mira en el primer comentario la diferencia que nadie te explicó.

Las aftas, también llamadas úlceras aftosas, se presentan exclusivamente en el interior de la boca. Suelen aparecer en la cara interna de las mejillas, en la lengua o en la parte interna de los labios. Su origen no es contagioso y está vinculado con factores como el estrés, pequeños traumatismos —por ejemplo, morderse accidentalmente—, y deficiencias de vitaminas como B12, hierro o ácido fólico. También pueden asociarse a cambios hormonales. Estas lesiones se caracterizan por ser pequeñas, de color blanquecino o amarillento, con un borde rojizo que destaca alrededor. A pesar de su tamaño reducido, pueden resultar muy dolorosas: comer, hablar o incluso beber agua puede convertirse en una molestia constante mientras están presentes. Lo habitual es que desaparezcan por sí solas entre los siete y diez días, sin dejar secuelas.

En contraste, los fuegos labiales —conocidos médicamente como herpes labial— no aparecen dentro de la boca, sino en el borde del labio o alrededor de éste. Son lesiones causadas por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1) y, a diferencia de las aftas, sí son contagiosas. Suelen iniciar con una sensación de hormigueo, comezón o ardor en la zona donde luego aparecerán pequeñas ampollas agrupadas. Estas ampollas pueden romperse con facilidad y formar costras mientras cicatrizan. Aunque suelen mejorar entre los diez y catorce días, el virus no desaparece del organismo: permanece en estado latente y puede activarse ante situaciones como el estrés, fiebre, exposición intensa al sol o bajas defensas. Por este motivo, los brotes pueden repetirse en diferentes momentos de la vida.