Las aftas, también llamadas úlceras aftosas, se presentan exclusivamente en el interior de la boca. Suelen aparecer en la cara interna de las mejillas, en la lengua o en la parte interna de los labios. Su origen no es contagioso y está vinculado con factores como el estrés, pequeños traumatismos —por ejemplo, morderse accidentalmente—, y deficiencias de vitaminas como B12, hierro o ácido fólico. También pueden asociarse a cambios hormonales. Estas lesiones se caracterizan por ser pequeñas, de color blanquecino o amarillento, con un borde rojizo que destaca alrededor. A pesar de su tamaño reducido, pueden resultar muy dolorosas: comer, hablar o incluso beber agua puede convertirse en una molestia constante mientras están presentes. Lo habitual es que desaparezcan por sí solas entre los siete y diez días, sin dejar secuelas.
En contraste, los fuegos labiales —conocidos médicamente como herpes labial— no aparecen dentro de la boca, sino en el borde del labio o alrededor de éste. Son lesiones causadas por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1) y, a diferencia de las aftas, sí son contagiosas. Suelen iniciar con una sensación de hormigueo, comezón o ardor en la zona donde luego aparecerán pequeñas ampollas agrupadas. Estas ampollas pueden romperse con facilidad y formar costras mientras cicatrizan. Aunque suelen mejorar entre los diez y catorce días, el virus no desaparece del organismo: permanece en estado latente y puede activarse ante situaciones como el estrés, fiebre, exposición intensa al sol o bajas defensas. Por este motivo, los brotes pueden repetirse en diferentes momentos de la vida.
