Gracias por dejarme cenar esta noche, cariño.
CeeDee Lamb puede atrapar pases de touchdown para ganarse la vida, pero esta temporada baja atrapó algo mucho más importante: la oportunidad de retribuir a las dos personas que nunca dejaron de creer que podía volar, incluso cuando apenas podían permitirse mantener las luces encendidas.
En una liga a menudo criticada por sus excesos y ego, el discreto gesto de gratitud de Lamb nos ha recordado a todos por qué nos enamoramos de este deporte en primer lugar. A veces, las grandes victorias no se dan los domingos.
A veces suceden en una calle tranquila de Houston, cuando una madre mira a su hijo y se da cuenta de que cada comida salteada, cada turno extra, cada lágrima que escondió en la oscuridad valió la pena.
