“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

“¿Y si no lo hago?”, preguntó en voz baja casi un desafío personal. Marisol respondió sin temblar.  Entonces, todos aquí sabrán quién es usted realmente. Ese golpe esta vez no fue para ella, fue para  él. La tensión estalló como un cristal bajo presión. Don Esteban abrió la boca para responder, pero dos ejecutivos entraron sin tocar, agitados.

 

“Señor, llegaron los correos de Bélgica y Alemania”, anunció uno de ellos. Están pidiendo la versión final del acuerdo.  Dicen que la necesitan antes de que termine el día para confirmar su participación. Don Esteban se quedó helado. Pilar tomó el documento de manos de Marisol y lo levantó frente a todos.

 

“Esta es la única versión completa”, dijo. Y la hizo ella. El joven de la corbata roja asintió con firmeza. Si no enviamos esto hoy, el trato se cae.  Las palabras flotaron en el aire como una sentencia. Marisol dio un paso atrás, consciente  de que ese momento ya no le pertenecía solo a ella.