“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

“Mira, Marisol, ¿verdad?”, dijo fingiendo cercanía. “No confundas las cosas. Una cosa es saber hablar nueve idiomas o los que sean y otra muy distinta  es dirigir una empresa. Aquí no se trata solo de idiomas, se trata de experiencia, de formación, de contactos.  Ella tragó saliva.

 

Sabía que en ese punto era vulnerable.  No tenía título universitario. No tenía apellidos importantes. No tenía padrinos.  Tenía noches sin dormir, libros prestados de la biblioteca pública  y videos en internet que veía a escondidas mientras fregaba pisos.  Entiendo todo eso, señor, respondió.

 

Pero usted no dijo que tenía que tener un título ni contactos. Dijo que si traducía me haría directora. La gente aquí lo escuchó. Los ejecutivos intercambiaron miradas.  Para varios de ellos, la situación se había vuelto peligrosa. Si el jefe quedaba como un mentiroso frente a todo su equipo, algo se rompería en la imagen de poder que tanto cuidaban.