Un beso, un descuido… y listo. Así se transmite una de las infecciones más comunes entre jóvenes 😳

Uno de los signos más característicos de la mononucleosis es una fatiga intensa que puede prolongarse en el tiempo. Muchas personas describen esta sensación como un cansancio que no mejora con el descanso y que limita las actividades diarias. Junto a esta fatiga aparece, con frecuencia, un dolor de garganta persistente, que en ocasiones se confunde con una faringitis bacteriana. Este síntoma puede llevar a diagnósticos equivocados, especialmente cuando no responde al tratamiento con antibióticos, ya que estos medicamentos no son efectivos contra los virus.

Otro de los síntomas que suele acompañar a la enfermedad es la fiebre, que puede aparecer de forma intermitente. Además, se observa la inflamación de los ganglios linfáticos, principalmente en el cuello y en las axilas, un signo que se produce debido a la respuesta del sistema inmunológico ante la infección. Las amígdalas inflamadas también son un hallazgo frecuente y pueden generar molestias adicionales al tragar o hablar.

En algunos casos, la piel puede presentar un sarpullido, que no siempre aparece, pero es una manifestación posible dentro del conjunto de síntomas. También puede presentarse dolor de cabeza, malestar general y, en ocasiones, una sensación de pesadez o dolor abdominal leve. Este último síntoma suele estar relacionado con un bazo inflamado y sensible, una característica que, aunque no es universal, puede aparecer y requiere cuidado especial. Cuando el bazo se encuentra agrandado, los médicos suelen recomendar evitar actividades que impliquen golpes o esfuerzos intensos, para reducir el riesgo de lesiones.