Roberto no respondió. La miró con una frialdad que jamás había visto en los tres años de matrimonio.
—Amor, llegaste temprano… —intentó decir, forzando una sonrisa nerviosa—. No es lo que parece, te lo juro.
Roberto avanzó. Lento. Depredador.
—¿No es lo que parece? —preguntó con una voz tan baja y calmada que daba más miedo que cualquier grito.
Vanessa retrocedió hasta chocar con el tocador.
—Es que… María —dijo, señalando a la empleada—. ¡Ella me provocó! ¡Le estaba poniendo ideas a la niña! ¡Sofía me aventó el jugo a propósito para arruinarme el vestido!
