Señor Ernesto, comenzó, “Necesitamos revisar los documentos de la propiedad. Hay inconsistencias que deben aclararse. ” Ernesto lo miró fijamente y respondió con calma. Las únicas inconsistencias aquí son los hijos que crié. El abogado continuó impert. Érito. Comprendo su molestia, pero la ley es clara. Si usted no estaba en condiciones mentales adecuadas, intervine inmediatamente. Soy doctora y puedo certificar que don Ernesto está perfectamente lúcido. Además, el notario que levantó la escritura también dejó constancia de ello. ¿O acaso van a cuestionar a un profesional con 40 años de experiencia?
El abogado titubeó. Fernando lo interrumpió. Esto es un robo. Esas tierras son de toda la familia. Lucía, que había permanecido callada, finalmente habló. Fernando, si tanto te importaba la familia, no habrías abandonado a papá y mamá en la carretera. Lo que pasó aquí fue justicia. Papá protegió lo que era suyo y lo puso en manos de quien demostró merecerlo. Carlos, que había venido, también gritó. Siempre fuiste la preferida, la niña perfecta que nunca hacía nada malo. Lucía se puso de pie y le encaró.
Preferida no. Responsable sí. Mientras ustedes se preocupaban por heredar, yo me preocupaba por mantenerlos vivos. La discusión subió de tono hasta que Beatriz golpeó la mesa con fuerza, una fuerza inesperada para su fragilidad. Basta, gritó con lágrimas corriendo por sus mejillas. Basta ya. Durante años aguanté sus desprecios, sus humillaciones, sus faltas de respeto porque eran mis hijos y una madre siempre perdona, pero esto es demasiado. Nos dejaron morir en la carretera. ¿Entienden lo que eso significa? Nos condenaron a muerte por codicia y ahora vienen a reclamar derechos.
No tienen vergüenza. Patricia intentó acercarse a su madre. Mamá, perdónanos. Cometimos un error. Beatriz la detuvo con la mano. Un error es olvidar una fecha. Lo que ustedes hicieron fue intentar asesinarnos. Y no me vengan con lágrimas falsas porque ya no me las creo. Aquellas palabras cayeron como sentencia final. El abogado intentó decir algo más, pero Ernesto se levantó y con voz firme les ordenó, “Fuera de aquí, fuera de nuestra vista y de nuestras vidas, si vuelven a molestar a Lucía o a intentar quitarle lo que es suyo, iré personalmente con la policía y contaré al mundo entero lo que hicieron.” Fernando Carlos y Patricia salieron en silencio derrotados.
