Mantén tu corazón abierto. Mantén tu disposición para ayudar. Mantén tu fe en que cosas buenas todavía pueden suceder. Porque la vida tiene una forma maravillosa de sorprendernos cuando menos lo esperamos. A veces el destino nos pone en el lugar correcto, en el momento correcto y lo único que tenemos que hacer es tener el valor de decir sí, el valor de detenernos, el valor de extender la mano. Esta historia también nos recuerda la importancia de la gratitud. Beatriz y Ernesto nunca dejaron de agradecer lo que Carmela hizo por ellos.
Su agradecimiento era genuino, constante y profundo en un mundo donde a menudo damos todo por sentado, donde esperamos que otros hagan cosas por nosotros sin valorarlo. Su actitud era refrescante y hermosa. La gratitud es una de las emociones más poderosas que existen. Transforma relaciones sana heridas y multiplica la alegría. Cuando agradeces, reconoces el valor de lo que has recibido y honras a quien te lo dio. Además, la gratitud te hace más feliz porque te enfoca en lo que tienes en lugar de lo que te falta.
Practica la gratitud todos los días. Agradece las pequeñas cosas, el sol que sale cada mañana, la comida en tu mesa, el techo sobre tu cabeza, las personas que te aman. Cuando cultivas un corazón agradecido, atraes más bendiciones a tu vida. Quiero también destacar el papel tan importante que jugó la amistad entre mujeres en esta historia. La relación entre Carmela y Lucía fue fundamental para la sanación y felicidad de ambas. Se convirtieron en hermanas no de sangre, sino de corazón.
