Cuando descubrí que mi exesposa se había casado con un obrero de la construcción pobre, fui a su boda con la intención de burlarme de ella. Pero en el momento en que vi al novio, me di la vuelta y rompí a llorar de dolor.
Mi nombre es Alejandro Cruz. Tengo 32 años y vivo en la Ciudad de México.
En mis años universitarios, en la UNAM, me enamoré de Laura Méndez, una chica dulce y bondadosa que siempre ponía a los demás antes que a sí misma.
Ella trabajaba medio tiempo en la biblioteca de la facultad, y yo —un estudiante de Economía lleno de ambición— siempre creí que estaba destinado a grandes cosas.
Después de graduarme, conseguí trabajo en una empresa internacional, con un sueldo generoso y una oficina moderna.
Laura, en cambio, a pesar de mis intentos por ayudarla, solo logró conseguir empleo como recepcionista en un pequeño hotel.
