Ningún informe oficial explicó jamás lo sucedido.
El hospital alegó una “falla técnica”.
Pero el doctor Menezes renunció, abandonó la medicina y nunca más se le volvió a ver.
Dicen que, hasta hoy, la habitación 312-B permanece vacía.
Y en las madrugadas silenciosas, la luz roja del monitor aún parpadea — aunque no haya nadie en la cama.
