Ricardo quedó paralizado.
Revisó el video una y otra vez, incapaz de aceptar lo que veía.
Pero al comprobar que el mismo fenómeno se repetía en noches anteriores, siempre con diferentes enfermeras, supo que debía hacer algo.
Temblando, llamó a la policía y entregó las grabaciones.
Días después, la habitación 312-B fue clausurada.
Marcos Ribeiro fue trasladado a un ala aislada.
