"Había aceptado cuidar a mi nieto sólo por unos días": un mes después, comprendí que mi vida nunca volvería a ser la misma.

Se suele decir que los mayores trastornos ocurren sin previo aviso. Una llamada, una solicitud urgente, un nieto resfriado... y, de repente, una vida perfectamente ordenada se transforma en algo más denso, más ruidoso, más tierno. Eso es exactamente lo que le ocurrió a una abuela de 63 años, convencida de que solo ayudaría a su hija durante tres días. Solo tres días, pensó. Pero la vida tenía otros planes, y ella también.

Al principio era sólo un servicio.

La voz de su hija temblaba al teléfono. Entre su pareja enferma, un trabajo agotador y la guardería cerrada, parecía al borde de un colapso. Así que la respuesta llegó sin dudarlo: «Sí, claro. Tráelo». ¿Cómo podía negarse cuando se trataba de su pequeño  Leo , de cuatro años, con su adorable sonrisa y su energía desbordante?