La tarjeta del multimillonario fue rechazada… Luego una niña pobre hizo lo impensable

El hombre del traje elegante y la niña de la camiseta morada avanzaron por calles polvorientas, pasando frente a casas sencillas, algunas con ropa colgando en los patios, otras con perros que ladraban desde las rejas. Lucía hablaba con naturalidad.

—Mi mamá trabaja lavando ropa en casa —le contó—. A veces también limpia casas de otras personas. Yo la ayudo cuando puedo, pero los sábados voy a la biblioteca, porque me gusta leer. ¿Usted lee?

Alexander sonrió apenas.

—Leo… sí. Pero creo que no he leído las cosas que realmente importan.

Lucía no entendió del todo, pero asintió de todos modos.

Llegaron a una pequeña casa de fachada descascarada y una puerta azul descolorida. El techo tenía algunas tejas flojas, y el porche parecía inclinarse hacia un lado. De adentro salía el olor de arroz y frijoles.

—Mamá, ya llegué —gritó la niña, entrando sin soltar completamente la mano de Alexander—. Y traje a alguien.