"¡MI MAMÁ SE MUERE, AYÚDAME!" — ¡LA RESPUESTA DEL MILLONARIO CAMBIÓ SU VIDA PARA SIEMPRE!-nhuy

—¡Eh, tú, la de limpieza!

Marina se detuvo. La bandeja tembló. Sintió de golpe las miradas girándose como un foco de teatro. Cien invitados, quizás más, inclinando la cabeza hacia ella. Y en el centro de esa atención estaba Rafael Monteiro: traje carísimo, sonrisa afilada, el tipo de hombre que hablaba como si el mundo fuera Suyo. A raíz de ello, Bárbara, como prometida, el niño sigue vivo.

Rafael señaló a Marina con un gesto lento, como quien llama a un animal a un truco.

—Ven aquí. Tengo una propuesta.

Marina dio un paso. Luego otro. Cada movimiento se sentía pesado, como si el mármol del piso quisiera retenerla. No era miedo solamente; era vergüenza, esa vergüenza que no nace de lo que uno hace, sino de cómo los demás te hacen sentir por hacerlo.

—Sí, señor —murmuró, sin saber a quién se dirige

Rafael alzó la voz para que el salón

-D

Hubo risas alrededor. Una de esas risas que no vienen de la alegría, sino de la superioridad. Marina abrió la boca, la cerró. Bailar era una palabra que, para ella, había dejado de pertenecer al presente. Era una palabra guardada en cajas viejas, con fotos antiguas y promesas rotas.

Rafael rodeó con el brazo la cintura de Bárbara, teatralmente.