Más tarde, en una habitación tranquila del hospital, Daniela abrió los ojos lentamente. Se la veía débil, agotada… y cuando su mirada se cruzó con la de Emilio, algo antiguo y doloroso se encendió en su rostro.
—Tú… —susurró, con la voz áspera—. No pensé que volvería a verte nunca.
Emilio se quedó paralizado.
En ese momento supo que aquello no era una coincidencia.
La voz de Daniela temblaba mientras intentaba incorporarse. Emilio le puso una mano en el hombro para ayudarla. Por unos segundos, solo se miraron: uno sorprendido, el otro herido por recuerdos que parecían volver de golpe.
