Santiago había comenzado en una nueva escuela donde los maestros estaban informados sobre su situación y entrenados para apoyar a niños que habían experimentado trauma. Al principio había sido tímido, pero gradualmente había comenzado a hacer amigos. “¿Sabes qué, papá?”, dijo Santiago una tarde mientras hacían la tarea juntos. “Ya no tengo pesadillas”. Era verdad, las pesadillas que habían atormentado a Santiago durante meses habían desaparecido gradualmente. Su sueño ahora era profundo y reparador. Y sabes qué más, continuó Santiago. Ya no me preocupo por si va a haber comida mañana.
¿Cómo te sientes cuando piensas en eso? Santiago pensó por un momento. Me siento libre. Libre era la palabra perfecta. Tres meses después, Alejandro recibió una llamada del detective Ramírez. Isabela había sido capturada en Brasil, arrestada en el aeropuerto cuando intentaba volar a Europa con un pasaporte falso. ¿Va a ser extraditada?, preguntó Alejandro. Sí, los cargos en México son lo suficientemente serios para garantizar la extradición. estará de vuelta en el país en menos de un mes. Y el juicio, con toda la evidencia que tenemos y ahora con el cargo adicional de fuga, es muy probable que reciba una sentencia significativa.
Alejandro sintió una mezcla de satisfacción y alivio. Isabela finalmente enfrentaría las consecuencias de sus actos. Necesitarán que Santiago testifique, posiblemente, pero haremos todo lo posible para minimizar su exposición. Tenemos suficiente evidencia médica y documental que su testimonio puede no ser necesario. Esa noche, Alejandro le contó a Santiago sobre el arresto de Isabela. El niño escuchó con seriedad haciendo preguntas ocasionales. ¿Significa que va a la cárcel? Preguntó finalmente. Probablemente sí, por mucho tiempo. Sí, por mucho tiempo. Santiago asintió procesando la información.
Eso te hace feliz. Era una pregunta compleja para un niño de 7 años. No me hace feliz que alguien esté en la cárcel”, respondió Alejandro cuidadosamente. “Pero me hace feliz saber que no puede hacerle daño a más niños. ¿Crees que ella piensa que lo que hizo estuvo mal?” “No lo sé, Santiago. Algunas personas no pueden entender cuando hacen daño a otros.” “Me da tristeza por ella”, dijo Santiago después de un momento de reflexión. “Pero también me da alegría saber que ya no puede lastimar a nadie más.
La sabiduría y compasión de Santiago continuaban asombrando a Alejandro. A pesar de todo lo que había sufrido, había retenido su capacidad de empatía. El juicio de Isabela Santa María se convirtió en uno de los casos más seguidos en México. Los medios la retrataron no como la víctima que había intentado ser, sino como lo que realmente era, una depredadora sistemática que había destruido vidas durante años. Roberto Vázquez testificó sobre la destrucción de su familia. La doctora Moreno explicó el patrón psicológico del abuso sistemático.
Los investigadores presentaron evidencia de cinco matrimonios fraudulentos y el abuso de siete niños. Alejandro testificó sobre el rescate de Santiago y la evidencia del abuso. Su testimonio fue calmado, pero poderoso, describiendo el estado en que había encontrado a su hijo y el proceso de recuperación. Santiago no tuvo que testificar. La evidencia médica y documental era abrumadora. La sentencia fue histórica. 15 años de prisión por abuso infantil múltiple, fraude matrimonial y fuga de la justicia. Isabela también fue condenada a pagar restitución a todas sus víctimas.
Cuando salieron del tribunal, después de conocer la sentencia, Santiago le preguntó a Alejandro si podían ir a cenar tacos para celebrar. ¿Celebrar qué?, preguntó Alejandro. que ya no tengo que tener miedo nunca más, respondió Santiago con una sonrisa brillante. 6 meses después del juicio, Alejandro y Santiago aparecieron juntos en un programa de televisión nacional para hablar sobre su experiencia y promover la conciencia sobre el abuso infantil doméstico. Santiago, ahora de 8 años y notablemente más robusto y feliz, habló con una articulación impresionante sobre la importancia de que los niños sepan que pueden pedir ayuda.
Si eres un niño y alguien te está tratando mal”, dijo Santiago mirando directamente a la cámara. Puedes decirle a alguien, puedes decirle a un maestro, a un vecino, a cualquier adulto de confianza. Y si el primer adulto no te cree, dile a otro, “¿Qué les dirías a otros papás como el tuyo?”, preguntó la entrevistadora. Santiago miró a su padre antes de responder, “Les diría que sus niños son lo más importante del mundo, más importante que el trabajo, más importante que el dinero, más importante que cualquier cosa.” Alejandro sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
Su hijo había aprendido a través del sufrimiento una lección que a él le había tomado casi perder a Santiago para entender completamente. Después del programa, Padre e Hijo regresaron a su hogar en la Condesa. Santiago había comenzado clases de fútbol y piano, actividades que lo llenaban de alegría y le daban oportunidades de socializar con otros niños. Alejandro había reestructurado completamente su empresa para poder trabajar desde casa la mayoría del tiempo. Los viajes de negocios ahora eran raros y siempre includían a Santiago cuando era posible.
