—Olivia Hamilton… de vuelta de entre los muertos.
—Deja ir a mi hija —exigió ella.
—¿Tu hija? Qué conmovedor… —se burló él—. Dime, ¿lloraste a tu hijo igual?
Jackson sintió que la rabia le quemaba la garganta, pero habló con una calma que no sabía que tenía.
—No más mentiras.
Se arrodilló junto a Emma y la levantó en brazos. La niña se aferró a él como si lo conociera de siempre, como si su cuerpo supiera antes que su mente que ese era “casa”.
—Está bien, cariño —le susurró—. Ya estás a salvo.
Jackson tocó el micrófono.
