En medio del humo, Ramiro fue esposado. Minutos después, Verónica también, al quedar al descubierto las grabaciones de su voz planeando la muerte de su prometido y las transferencias ilegales.
No hubo gritos de Julián. No hubo escenas dramáticas. Solo una quietud helada en su mirada cuando ella intentó decir: “No fui yo sola…”.
Más tarde, en una llamada desde la cárcel, Verónica murmuró:
—Tu padre también tenía algo que ocultar. Si de verdad quieres limpiar tu nombre, mira más atrás.
Y él ya lo había hecho.
