No cuando todo esto podría colapsar en cualquier momento. ¿Por qué va a colapsar? Porque siempre colapsa. explotó Isabel, la voz quebrándose, porque me casé con un hombre que prometió amarme y terminó echándome a la calle, porque di todo lo que tenía y no fue suficiente. Porque no puedo confiar en que esto, lo que sea que esto es, vaya a durar más allá de la novedad de ayudar a alguien en problemas.
El silencio que siguió fue denso, cargado. Miguel no se movió, solo la miraba con una expresión que mezclaba comprensión y dolor. Yo no soy Damián, lo sé, pero no puedo arriesgarme a confiar ciegamente de nuevo. No cuando Emilio está involucrado. Si solo fuera yo, tal vez. Pero él ya te quiere, ya te ve como alguien importante en su vida.
Y si esto termina, si nos pides que nos vayamos o simplemente te cansas de nosotros, va a destrozarlo. No voy a cansarme de ustedes dijo Miguel con firmeza. No puedes prometer eso. Tienes razón. No puedo prometer el futuro, nadie puede, pero puedo prometer el presente. Puedo prometer que ahora mismo, en este momento, no hay ningún lugar en el mundo donde prefiera estar que aquí con ustedes.
Las palabras flotaron entre ellos, pesadas con significado. Isabel sintió las lágrimas ardiendo en sus ojos y las dejó caer sin intentar ocultarlas. “Tengo miedo”, susurró. “Tengo tanto miedo de creer que esto es real.” Miguel acortó la distancia entre ellos lentamente, dándole tiempo para retroceder si quería, pero Isabel no retrocedió.
Cuando levantó su mano y suavemente limpió una lágrima de su mejilla, ella cerró los ojos, permitiéndose ese momento de vulnerabilidad. “Yo también tengo miedo”, admitió Miguel. “Miedo de que un día despiertes y te des cuenta de que mereces más de lo que puedo darte. Miedo de que esto que siento creciendo dentro de mí sea solo producto de la soledad y no algo real.
Pero tengo más miedo de dejarte ir sin intentarlo. Isabel abrió los ojos. ¿Qué es lo que sientes? Miguel la miró durante un largo momento, como si estuviera memorizando cada detalle de su rostro. Algo que no había sentido en mucho tiempo, tal vez nunca de esta forma, porque con mi prometida siempre hubo expectativas, roles que jugar, versiones de nosotros mismos que presentábamos.
Pero contigo, contigo puedo simplemente ser yo y tú puedes simplemente ser tú. Y aún así funciona. Apenas me conoces. Te conozco lo suficiente para saber que eres la persona más fuerte que he conocido, que amas a tu hijo con una ferocidad que me asombra, que te ríes cuando Emilio cuenta chistes malos. Que te muerdes el labio cuando estás concentrada.
Que cantas bajito cuando crees que nadie te escucha. Isabel se sorprendió. ¿Me has escuchado cantar? A veces, cuando trabajas cantas sin darte cuenta. Un silencio diferente se instaló entre ellos, menos tenso pero más cargado. Isabel era consciente de cada centímetro que lo separaba, de cómo sería dar un paso más y cerrar ese espacio completamente.
Miguel, dijo suavemente, no sé cómo hacer esto. No sé cómo abrir mi corazón de nuevo cuando apenas terminé de recoger los pedazos delúltimo desastre. Entonces, no lo abras todavía. Solo quédate. Déjame demostrarte que esto puede ser diferente, sin presión, sin expectativas. Solo nosotros descubriendo qué es esto día a día.
Isabel quería decir que sí. Quería lanzarse a esto sin red de seguridad, confiar en que Miguel la atraparía. Pero la parte de ella que había sido rota por Damián gritaba advertencias, recordándole todos los momentos en que había confiado antes y había terminado destrozada. Necesito tiempo, dijo.
