“PERDÓNAME, HIJO, NO HAY CENA,” LLORÓ LA MADRE… UN MILLONARIO ESCUCHÓ Y LO QUE HIZO LA DEJÓ HELADA

Lucía ni se había dado cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas salían solas, como si el cuerpo supiera antes que ella que ya no podía.

“Hijo… perdóname. Este año… no hay cena.”

Mateo frunció el ceño, confundido.

“¿No vamos a comer?”

“No tenemos dinero, mi amor. No tenemos casa. Estamos durmiendo en el auto… y mami perdió el trabajo.”

Mateo miró alrededor, a la comida que los rodeaba, como si el mundo lo estuviera engañando.

“Pero… hay comida acá.”

“Sí, pero no es nuestra.”