Primero hubo silencio. Y luego, carcajadas. Risas fuertes, incrédulas, alguna burla susurrada: “Mira la niña”, “Seguro ni sabe lo que es un Rolls-Royce”. Wid alzó una ceja, miró su ropa de segunda mano, las zapatillas pegadas con cinta adhesiva.
—¿Tú? —le dijo en un inglés marcado por acento extranjero—. Este coche vale más de lo que la mayoría gana en toda su vida. No entiendes su complejidad.
Harper sintió cómo le ardían las mejillas, pero no dio un paso atrás.
—Mi nombre es Harper —respondió, firme—. No es el motor. Es el sistema de enfriamiento. La manguera del radiador, o la abrazadera. El vapor, el ruido… no es una falla grande. Es un acople suelto.
