QUÉ HARÍAS SI EL “VIEJITO GRUÑÓN” AL QUE LE SIRVES CAFÉ TODOS LOS DÍAS RESULTA SER UN MULTIMILLONARIO QUE TE DEJÓ TODO EN SU TESTAMENTO?

Don Teodoro me enseñó que el éxito no es llegar a la cima pisando a los demás, sino saber cuándo bajar para darle la mano a alguien que está cansado. Justin terminó en la ruina, no porque yo le quitara su dinero, sino porque su propio ego lo consumió. Él nunca entendió que el poder sin bondad es solo una jaula de oro.

A ti, que estás leyendo esto en tu celular, tal vez cansado de la chamba o preocupado por las deudas, solo te digo una cosa: no dejes que la dureza del mundo te quite la amabilidad. Nunca sabes quién está sentado en la mesa de al lado. Nunca sabes si ese “viejito gruñón” es el ángel que el destino te mandó para probar tu corazón. Porque al final del día, lo que dejamos en la gente es lo único que realmente nos pertenece. Gracias, Don Teodoro, por verme. Gracias por recordarme que, en México y en cualquier parte del mundo, ser una buena persona sigue siendo el mejor negocio de todos.