Yo yo también estaba perdida. Si tú y los niños no hubieran llegado a mi vida, yo quizás ya no estaría aquí ahora. ” Santiago la miró sorprendido, sin entender del todo lo que quería decir. Clara, con voz temblorosa, continuó, ese día, ese día en que llegaste, yo ya no quería seguir. La pérdida de mi bebé, el abandono de mi esposo, no sabía cómo seguir viviendo. Él me culpó de todo, me abandonó en mi peor momento y me dejó sola con el dolor.
Estuve día sin comer, solo pensando en irme con mi hijo. Pero cuando ustedes llegaron, algo cambió. Ustedes me dieron una razón para seguir adelante. Ahora tengo a los niños y por ellos, por ti, tengo una razón para vivir. Las palabras de Clara cayeron sobre Santiago como una lluvia suave, desbordando su corazón de una emoción que no podía describir. No sabía qué decir. No sabía cómo devolverle lo que ella le había dado. Pero antes de que pudiera responderle, alguien tocó la puerta.
Un golpe seco repetido interrumpió el momento de conexión profunda entre ellos. Clara se levantó un tanto desconcertada y entregó a los gemelos a Santiago antes de ir hacia la puerta. No esperaba visitas y eso la desconcertó y preocupó por un momento. Clara abrió la puerta con cautela, sus manos ligeramente temblorosas y allí, en el umbral estaba él, William. su exesposo, el hombre que había jurado estar a su lado y luego la había dejado cuando más lo necesitaba.
