Él soltó una pequeña risa incrédula. Ay, muchacha, por favor, nadie se toma eso en serio, bufo. Es obvio que lo dije en tono de broma. ¿O acaso crees que se puede llegar a un puesto así solo por hablar idiomas? Marisol mantuvo su mirada sin pestañar. Los ojos oscuros, cansados de madrugar para limpiar oficinas que no le pertenecen, se encendieron con algo distinto.
“No fue una broma para mí, señor”, replicó con voz suave pero firme. "Me llamó delante de todos, me puso una condición clara, yo la cumpli. ¿Usted tiene palabra o no?" Un murmullo recorrió la mesa. Alguien soltó un ch apenas audible. Pilar miró al director general esperando ver cómo salía de esa.
Don Esteban se recargó en la silla jugando con la pluma de lujo que tenía en la mano. La hizo girar entre los dedos como si eso le diera tiempo para pensar. vislumbrar a Marisol de arriba a abajo, ya no como a la muchachita de limpieza, sino como a una pieza incómoda que había salido del lugar donde él la necesitaba.
“Mira, Marisol, ¿verdad?”, dijo fingiendo cercanía. "No confundas las cosas. Una cosa es saber hablar nueve idiomas o los que sean y otra muy distinta es dirigir una empresa. Aquí no se trata solo de idiomas, se trata de experiencia, de formación, de contactos. Ella tragó saliva.
Sabía que en ese punto era vulnerable. No tenía título universitario. No tenía apellidos importantes. No tenía padrinos. Tenía noches sin dormir, libros prestados de la biblioteca pública y videos en internet que veía a escondidas mientras fregaba pisos. Entiendo todo eso, señor, respondió.
Pero usted no dijo que tenía que tener un título ni contactos. Dijo que si traducía me haría director. La gente aquí lo escuchó. Los ejecutivos intercambiaron miradas. Para varios de ellos, la situación se había vuelto peligrosa. Si el jefe quedaba como un mentiroso frente a todo su equipo, algo se rompería en la imagen de poder que tanto cuidaban.
El joven de corbata roja levantó la mano insegura. Tal vez podríamos encontrar otra solución, propuesta. No sé, ofrecerle un bono, una compensación, un reconocimiento, algo que no sea cambiar toda la estructura de la empresa por un momento de tensión. Marisol giró el rostro hacia él. No había odio en su expresión, pero sí una claridad que incomodaba.
No pedí un bono, señor”, dijo, “ni dinero, solo pedí respeto”. Y él lo ató a su palabra. Don Esteban presionó la mandíbula. Por un instante, una vena se le marcó en el cuello. Luego se levantó de golpe, haciendo que la silla se desplazara hacia atrás con un chirrido.
“¡Muy bien”, dijo con un brillo peligroso en los ojos. Ya que estás tan segura de ti, vamos a ver hasta dónde llega tu talento. Si quieres que tomemos en serio esta conversación, tendrás que demostrar que vales para algo más que repetir frases en otros idiomas. Se inclinó hacia el centro de la mesa y con gesto teatral empujó el contrato hacia ella.
