“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

Marisol dejó el folder sobre la mesa. “¿Está listo,  señor?” Don Esteban lo tomó sin disimular el escepticismo. Pasó la primera página, luego la segunda. Su seño se frunció apenas al ver las correcciones. Aquí cambiaste la cláusula cuatro, dijo.  Estaba incompleta en francés, respondió Marisol.

 

La versión neerlandesa tenía un matiz distinto y la inglesa estaba neutral. La reconstruí como propuesta final. Él pasó otra página y este párrafo, error en la frase alemana,  tenía un doble sentido peligroso. Podía interpretarse como desistimiento unilateral. El joven de la corbata roja intervino. Confirmé eso.

 

Ella tiene razón. Don Esteban lo fulminó con la mirada. Luego siguió leyendo hasta llegar al punto que Marisol más temía,  la cláusula oculta belga. El silencio se volvió pesado. Él levantó lentamente la vista hacia ella. Explícame esta parte. Marisol respiró hondo.  La versión neerlandesa estaba disimulada, pero decía que si el acuerdo se retrasaba por causas externas, Bélgica podía retirarse sin penalización.