Él estaba buscando una salida, una forma de torcer lo que había dicho, un modo de no cumplir. Don Esteban dio una vuelta alrededor de la mesa como un depredador midiendo la distancia antes de atacar. Los ejecutivos lo observaban en silencio, temiendo el estallido inevitable. Marisol permaneció de pie con las manos entrelazadas sin permitir que su respiración revelara el temblor que sentía.
“Marisol”, dijo él finalmente con una sonrisa forzada. “Cuando dije directora, era evidente que se trataba de una broma.” Hizo un gesto amplio hacia los demás, ¿verdad? ¿O alguien aquí creyó que hablaba en serio? Pilar frunció el ceño. El joven de la corbata roja bajó la mirada. Incómodo.
Nadie respondió. El silencio se volvió un arma. Marisol dio un paso hacia la mesa. Señor, lo dijo frente a todos y usted sabe que las palabras importan. Oh, por favor, exclamó riendo con desprecio. Ahora vas a darme lecciones de ética. Limpiabas pisos hace 2 horas. El golpe fue seco, casi físico, pero Marisol se mantuvo firme.
