“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

Y aún así salvé un proyecto que ustedes no habían podido resolver en meses. Un murmullo recorrió la sala. Don Esteban se detuvo en seco. Su sonrisa desapareció.  Ah, sí, preguntó acercándose peligrosamente. Entonces, tú sabes más que mis gerentes, que mis abogados, que yo Marisol  sostuvo la mirada.

 

Sé lo que leo y sé lo que digo. Él respiró hondo, conteniendo la rabia. No ganarás nada aquí, créeme. Yo decido quién sube  y quién se queda donde le corresponde. El joven de la corbata roja levantó la voz por primera vez. Con respeto,  Señor. Ella hizo más que cualquiera de nosotros hoy.

 

Don Esteban lo fulminó con los ojos.  Cierra la boca. Pilar intervino con cautela. Señor, quizás deberíamos reconocer el trabajo de Marisol.  Ella no pidió nada fuera de proporción, solo pidió que se respete lo que usted dijo.  Él golpeó la mesa. Fue una broma. Una broma.