Entonces no será mi vergüenza, señor, será la suya. Por primera vez él no tuvo respuesta. Esa derrota silenciosa fue más fuerte que cualquier grito. A las 6 en punto, toda la oficina estaba en movimiento. El acuerdo enviado por Marisol había generado una cadena de correos internacionales.
Son teléfonos, se abrían puertas, los jefes corrían de un lado a otro. Algo grande estaba ocurriendo. Pilar salió de la oficina central con los ojos brillantes. Marisol, dijo casi sin aliento. Bélgica respondió. Mostró la pantalla. Un mensaje corto, contundente.
Gracias por la claridad y la corrección. Ahora sí avanzaremos. El joven de la corbata roja llegó detrás de ella y Alemania también. Confirmaron cooperación plena. Los dos la miraron con una mezcla de alivio y asombro. Antes de que Marisol pudiera procesarlo, don Esteban salió de su oficina.
