Su rostro estaba tenso, vencido, pero tratando de mantener algo de autoridad. Marisol llamó. Ella se acercó despacio. Él la observó un largo segundo y entonces dijo lo impensable. Reconozco tu trabajo. Hizo una pausa amarga. y cumpliré lo que dije. Pilar abrió los ojos impactada.
El joven de la corbata roja casi dejó caer su tablet. Marisol sintió que algo se aflojaba dentro de ella, un nudo que llevaba años apretado. “Está diciendo que, susurró.” “Sí”, confirmó él tragando orgullo. “A partir de mañana asumirás un puesto directivo en el área internacional.
Reportarás a Pilar.” Pilar se llevó la mano al pecho. Marisol sintió las lágrimas empujar, pero no las dejó salir. No ahí, no frente a él. Gracias, Señor, dijo con dignidad. Eso bastaba. Don Esteban apartó la mirada. Sabía que no era un regalo, era una consecuencia. Ella dio un paso atrás mientras todos la observaban.
