“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

Quédate, termina la reunión con nosotros. Quiero ver si puedes seguir el ritmo. Marisol sintió un vacío en el estómago, pero no dio un paso atrás. Ese era el mundo al que siempre le habían dicho que no pertenecía. Y sin embargo, ahí estaba con todos los ojos clavados en ella,  esperando el siguiente movimiento.

 

Si esta historia ya te conmovió hasta aquí, cuéntanos en los comentarios desde qué ciudad nos estás viendo y deja tu me gusta para seguir acompañándonos. La puerta de cristal se cerró detrás de los últimos empleados que salían apresurados,  dejando la sala de juntas convertida en un escenario extraño, una empleada  de limpieza con un cubo aún lleno de agua jabonosa, rodeada por ejecutivos que no sabían dónde mirar.

 

La tensión se distribuía en el aire como una neblina espesa.  Don Esteban retomó su  asiento cruzando las manos sobre la mesa. Muy bien, dijo con una sonrisa que no tocaba sus ojos.  Si quieres quedarte, quédate, pero no esperes que nadie te trate como igual. Aquí se trabaja rápido, se piensa rápido.