“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

Marisol respiró hondo. Sabía que la estaban invitando a fracasar. Sabía que la querían ver tropezar, tartamudear,  quedarse atrás. Y sin embargo, algo dentro de ella, algo viejo, algo que había nacido el día que su padre la dejó en Puebla diciendo que volvería y nunca volvió, le decía que no se moviera.

 

“¿Puedo seguir el ritmo?”, respondió ella. Pilar abrió su tablet y  proyectó una diapositiva con números y gráficas. “Seguimos con la propuesta de expansión en Monterrey,”, informó. Hay un punto crítico. Las negociaciones con la empresa china quedaron atoradas por falta de intérprete.

 

 

 

 

El comentario no era casual,  era un golpe disfrazado de dato. Pero Marisol no retrocedió. Clavó la vista en la pantalla y sin querer intervenir  murmuró en voz baja una frase en mandarín suave y limpio. El joven de corbata roja se quedó boquí abierto. ¿Qué dijo?,  preguntó Pilar. Marisol levantó apenas el rostro.