Un padre millonario vuelve a casa y se encuentra con que la empleada doméstica está protegiendo a su hija ciega… pero la verdad que descubre lo deja completamente en shock.

Los ojos de Vanessa se abrieron como platos.

—¡Mentirosa! —chilló—. ¡Roberto, no le vas a creer a esta mujer antes que a mí! ¡Soy tu esposa!

Roberto se puso de pie lentamente.

—Fuiste mi esposa —corrigió.

Vanessa soltó una risa nerviosa.

—¿Qué? No exageres. Solo fue un malentendido. Estaba estresada. La niña es difícil, tú sabes…

—Dijiste que debía haber muerto con su madre.

La frase quedó suspendida en el aire. Vanessa tragó saliva.