Un padre millonario vuelve a casa y se encuentra con que la empleada doméstica está protegiendo a su hija ciega… pero la verdad que descubre lo deja completamente en shock.

—Estaba enojada… no lo decía en serio.

—Empaca tus cosas —ordenó Roberto.

—¿Cómo?

—Te vas. Ahora.

Vanessa sintió que el piso se movía.

—No puedes correrme. Esta es mi casa. Estamos casados. Tengo derechos.

Ahí cometió su último error.