—Estaba enojada… no lo decía en serio.
—Empaca tus cosas —ordenó Roberto.
—¿Cómo?
—Te vas. Ahora.
Vanessa sintió que el piso se movía.
—No puedes correrme. Esta es mi casa. Estamos casados. Tengo derechos.
Ahí cometió su último error.
—Estaba enojada… no lo decía en serio.
—Empaca tus cosas —ordenó Roberto.
—¿Cómo?
—Te vas. Ahora.
Vanessa sintió que el piso se movía.
—No puedes correrme. Esta es mi casa. Estamos casados. Tengo derechos.
Ahí cometió su último error.