—¡No puedes hacerme esto! —gritó Vanessa—. ¡Te voy a demandar! ¡Me voy a quedar con la mitad de todo!
—No te vas a quedar con nada —respondió Roberto—. Las tarjetas ya están bloqueadas. Lo hice entrando a la casa.
Vanessa intentó agarrarlo del brazo. Él se apartó como si tuviera una enfermedad.
—¡Soy tu esposa!
—Eres un monstruo —dijo él—. Agradece que solo te esté echando y no metiéndote a la cárcel por intento de agresión a una menor.
Los guardias entraron.
