—Sáquenla —ordenó Roberto—. Si se resiste, llamen a la policía.
Vanessa gritó, pataleó, insultó. La arrastraron fuera como basura.
Roberto cerró la cortina. Para siempre.
El silencio volvió. Pero esta vez, en paz.
Se arrodilló frente a María.
—Perdóname —dijo con la voz rota—. Por no haberme dado cuenta antes.
