La ironía era tan dulce que casi me emborrachó. Me habían llamado “muerta de hambre” mientras vivían bajo mi techo gratis.
—Y una cosa más —dijo Gregorio, bajando la voz—. Su padre estaba investigando a Viviana Quintana antes de morir. Ella gestionaba una fundación benéfica con él. Tengo pruebas de que lleva quince años malversando fondos. Millones de euros robados a niños enfermos para pagar sus joyas y sus fiestas.
Ahí estaba. La llave de mi celda y el arma para mi venganza.
—Necesito seis semanas —dije, sintiendo cómo la vieja Serafina moría y nacía una nueva, hecha de hielo y fuego—. Seis semanas para curarme, para prepararme y para planear mi regreso. ¿Cuándo es la boda de Leandro con Calista?
—Han anunciado la fecha para dentro de mes y medio. Quieren hacerlo rápido para “legitimar” a la nueva madre de la niña.
—Perfecto —sonreí por primera vez en años—. Vamos a ir de boda.
