—Alejandro… ¿y si adoptamos?
Él la miró como si tuviera miedo de ilusionarse.
—¿De verdad te gustaría? —preguntó.
—Sí —respondió ella, con firmeza—. Una familia no sólo nace… también se puede escoger.
Poco tiempo después, viajaron a un orfanato en la ciudad. En la entrada, una niña pequeña de siete años, delgadita y asustada, se aferraba al marco de la puerta. Se llamaba Elena. Lucía se agachó para quedar a su altura y le tendió la mano.
—Nos gustaría conocerte —le dijo con ternura—. Y si tú quieres… nos gustaría ser tu familia.
Elena dudó, miró a Lucía, miró a Alejandro… y poco a poco puso su pequeña mano dentro de la de Lucía.
Así, sin fuegos artificiales ni grandes discursos, se convirtieron en familia.
