A los 20 años mis padres me vendieron en matrimonio, pero en la noche de bodas descubrí su secreto

—Alejandro… ¿y si adoptamos?

Él la miró como si tuviera miedo de ilusionarse.

—¿De verdad te gustaría? —preguntó.

—Sí —respondió ella, con firmeza—. Una familia no sólo nace… también se puede escoger.

Poco tiempo después, viajaron a un orfanato en la ciudad. En la entrada, una niña pequeña de siete años, delgadita y asustada, se aferraba al marco de la puerta. Se llamaba Elena. Lucía se agachó para quedar a su altura y le tendió la mano.

—Nos gustaría conocerte —le dijo con ternura—. Y si tú quieres… nos gustaría ser tu familia.

Elena dudó, miró a Lucía, miró a Alejandro… y poco a poco puso su pequeña mano dentro de la de Lucía.

Así, sin fuegos artificiales ni grandes discursos, se convirtieron en familia.