Al hijo del millonario le quedaban cinco días de vida. Pero la pobre niña lo roció con agua inusual.

—¿Qué haces? ¡Lárgate de aquí! —gritó, y apretó el botón de llamado.

Pedrito tosió un poco… y siguió dormido.

La niña se estiró para recuperar la botella, desesperada.

—La necesita —insistió—. Es agua especial. Se va a poner bien.

—Tú no entiendes nada… —Rodrigo temblaba de rabia y miedo—. ¡Fuera antes de que llame seguridad!

Dos enfermeras entraron corriendo.