—¿Qué pasó? —preguntó una.
—Esta niña entró y le echó agua a mi hijo —dijo Rodrigo, levantando la botella como prueba.
Desde el pasillo, una voz femenina tronó:
—¡Valeria! ¿Qué hiciste?
Entró una mujer con uniforme de intendencia, de unos treinta y tantos, con los ojos rojos de preocupación.
—Perdón, señor —dijo, jalando a la niña de la mano—. Soy Marina. Es mi hija. No debió entrar. Nos vamos.
La niña sollozaba.
